3 – Entreacto

Abrió los ojos un tanto desorientado y se levantó de la cama de un salto. Era un día soleado, y el cielo estaba totalmente despejado. Empezaba a haber bullicio en la calle, pero estaba acostumbrado a eso desde hace tiempo.
Miró a través de la ventana y vió aquel majestuoso edificio blanco que se elevaba sobre todo lo demás. Siempre se decía que volverían los días de ingenio viéndolo uno y otra vez, pero necesitaba tiempo para darse cuenta de lo que estaba pasando.
Después, una serie de imágenes pasaron por delante de sus ojos a gran velocidad. Le solía pasar a menudo, pero no quería darle más importancia de la debida. Probablemente aquella vez las imágenes eran más nítidas y reales que de costumbre.
A partir de ese momento decidió alargar el tiempo, abrió la ventana y se marchó, como casi siempre.
Justo en ese momento despertó en su cama. Se levantó tranquilamente, abrió la persiana y observó tranquilamente aquel día gris y cenizo. Delante se encontraba el jardín, verde y cargado de árboles y flores.
Esta vez se quedó quieto y se sentó en la silla a pensar sobre lo mismo buena parte del día.
Llegado este punto, el escritor levantó la pluma y pudo leerse: “Fin del entreacto”

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