Soñar el fin

No recuerdo exactamente el color del cielo pero yo estaba situado en medio de la carretera, justo en medio de esa amplia avenida que quiso convertirse en bulevar y no lo logró, dejando macetas de flores que cortaban carreteras, dejándolas abandonadas para siempre.
Había miles de personas junto a mí, todos mirando al horizonte, como si estuviésemos esperando algo inevitable.Creo recordar que a mi lado estaba toda esa gente que siempre me apoyó y nunca me ha dejado atrás.
De reprente una ola descomunal empezó a aparecer a lo lejos. Parecía que no era muy grande al principio, pero se trataba de un efecto óptico. La ola mediría cientos y cientos de metros, engullendo todo lo que se encontraba por el camino.
Giré sobre mis talones y ví que otra ola idéntica se aproximaba sobre nuestras espaldas. Cuando volví a girar percibí como la primera ola nos engullía de sopetón. Noté que poseía un color amarillo, al mismo tiempo que llevaba consigo grandes cantidades de espuma. Era cerveza.
Empezamos a ascender vertiginosamente dentro del corazón de aquella cosa cuando de repente la vista cambió para ver nuestro planeta desde el exterior. Lo que en otra época era una esfera ahora se había convertido en un cubo del que brotaban aquellas olas gigantescas. Se podía percibir como la espuma se deslizaba por las caras del cubo a medida que aquel líquido avanzaba sin cesar.

Después de esta parada técnica volvía a aterrizar con toda mi gente en el lugar del principio. La birra empezó a desaparecer y todos nosotros caímos como muñecos de trapo sobre el asfalto. No todos corrimos la misma suerte y algunos de ellos no sobrevivieron a la caída, conviertiéndose instantáneamente en espuma que se difuminó en el aire.

Cuando me levanté del suelo estaba en la costa. Decenas de aviones iban cayendo en la arena mientras intentaba sortearlos a duras penas. Tuve que entrar al mar y por poco no rocé uno de ellos, el cual acabó realizando un amerizaje a unos pocos metros de mí.
A continuación, salí del mar y fui sorteando durante un largo período de tiempo diversas personas y cabañas situadas en aquella playa, aunque estos hechos no merecen ser relatados.
Finalmente, un compañero y yo llegamos al puerto, justo a tiempo para abandonar en un barco aquella costa y de paso aquel sueño, pues al día siguiente debía madrugar.


Spoiler del asunto


 

Historias en el Prado

  • ¿Por qué no recurrimos más a Torrijos y a Riego si eran constitucionalistas? ¿Esa constitución no, pero esta del 78 sí?
  • ¿Por qué nos gusta tanto la memoria selectiva en este país?
  • Somos un país que ha nacionalizado personas, sí. Todos conocemos los casos de Juanito Muehlegg, Serge Ibaka o Marcos Senna, pero antes ya llegó el Greco, y si preguntas por ahí te dicen que es Marca España. Lástima de no existir las selecciones nacionales de pintura. Él hubiera aceptado jugar con nosotros y hubiéramos reventado a Van Eyck, Van Dick, Van tal y similares. Morralla flamenca.
  • Como entienden los americanos de arte. Se nota su tradición histórica y artística, ¡todos esos cuadros no se van a comprar en un día! Luego se permiten el lujo de explicar cuadros del Greco en el Prado.
  • El siglo XIX español directamente no existe. Habrá que llamar a ufólogos y gente que afirmó haber visto a Bigfoot, a ver si lo encuentran.
  • Deberían incluir cuadros de Santiago Rusiñol para incrustarlos en los garajes y portales de la calle cuesta rampa homónima. La mejor forma de subir al chino y culturizarse al mismo tiempo. Sería todo un éxito de la globalización.
  • Una guía acaba de explicarle a una señora una cosa que puede leerse en un panel informativo a la vuelta de la sala. Fetén.
  • <<¡Paravicino, que te caes hombre! ¡Pon la mano mala de lado!>> (spoiler)
  • Llevar audioguía es mainstream. ¿Este cuadro es acaso más interesante que el de al lado? ¿Por qué no comentan todos los cuadros las audioguías?
  • ¡Acabo de ver una cara en una nube! ¡En el Prado! ¡Avisen a Javier Sierra!
  • ¿Para que ponen tantos cuadros cubistas de Picasso? Ya tenemos suficiente con averiguar que hay dibujado en uno. Es como darte 40 artículos de física cuántica avanzada y una novela de Jacinto Benavente.
  • Adoración de la virgen del niño, de Diego Rivera. Me recuerda cuando ponías en el PC baja resolución en aquellos primeros juegos 3D de los 2000.
  • Retiro mi comentario anterior sobre los guías. He recibido una gran explicación de una versión de “El Expolio”. Sin audioguía. Free.
  • ¿Si ya tenemos toda la información sobre todos los cuadros con los materiales que hay en internet por qué no empezamos a organizarlo todo un poco mejor para que la gente lo capte? Daríamos un verdadero uso por ejemplo a las tablets, entre ellas a la mía.
  • <<Deja sonar un poco más el móvil, que todavía los cuadros de esta sala no se han enterado todavía>> (Suena mientras un wassap bien alto, como dios manda). Un señor también se va de la sala hablando con su celular. Debe haberse emocionado en la parte de expresionismo germánico y tiene que contárselo a alguien de forma inmediata.
  • Un sonido de abrir el coche. Ah, no, otro que acaba de recibir un SMS, o un mail o yo que sé.
  • El patrón estandar de alargamiento del Greco es la altura del cuadro del Bautismo.
  • Hay un coche esperando a ser sorteado en esta sala o es el innombrable del móvil que es un popu y no ha descubierto todavía que los informáticos inventamos hace año el botón de silenciar.
  • Si, modo libre de pintar. “Y yo también” como decía aquella del APM?! Joder, parece que dió al piloto automático.
  • Otro ahora con un tono del opening del 20th Century Fox. Si, si, mucho Greco y mucho Prado pero poca cabeza creo yo.
  • También creo que Picasso es “Marca Cubismo”.
  • La visión de San Juan debe ser buena. Llevan anunciándola toda la exposición y por fin estoy frente a ella.
  • Como dice un amigo: “Ta chida”.
  • Otra llamada más.
  • Dice Miguel sobre mí: “Vaya desviado” cuando le comento alguna de estas notas. Creo que no ha visto la zona de Pollock.
  • A Picasso le encantaban los troleos en los 70 (Veáse mosquetero con espada y amorcillo).
  • Ahora a Cibeles

Hacia donde se dirige todo

-Noto que al estar fuera de todo (todo denota rutina, un cerebro con poco margen de maniobra para actuar) tengo la sensación de llevar otro ritmo, que no acabo de llegar a quedarme en un sitio fijo, aunque mi verdadero miedo es hacia donde se dirige todo, donde voy a estar, donde voy a acabar.
-¿Miedo al destino? Estos malditos griegos te están comiendo la cabeza. Deberías leer autoayuda, empieza por Paulo Coelho y luego ya pasas a Sartre, así, pasito a pasito.
-La verdad es que no tengo ese miedo en el cuerpo, estoy preocupado porque parezco estar como encerrado dentro de un diario o de una novela, como si la gente que me rodeara fueran todos esos personajes controlados por el autor.
Tengo miedo de que haya un final predeterminado, no quiero que sea algo así como pasar una página y de repente me dé de bruces con el final de un cuento.
-¿Esperas a alguien?
-No soy partidario de esa filosofía pero si miro hacia atrás me parece que es así, que en realidad llevaba esperando una eternidad.
-¿Qué piensas hacer?
-No sé, ni idea.
-Entonces eso es esp…
-No, eso es indiferencia, no confundas. Es algo así como pasar a un modo contemplativo o pasivo.
¿De verdad es necesario que documentes todo esto?
-Si no tu historia no se conocería. Sirve para que adquiera experiencia <<bueno, tu también>> y así venda consejos a otra gente, es mi trabajo.
-Creo que sigo sin verle sentido. ¿Por qué debemos documentar, clasificar y cuantificar toda la información y los datos que percibimos por nuestros ojos? ¿No es más sencillo parar un momento y reflexionar sobre unos pocos datos e ir sacando conclusiones poco a poco? ¿No crees que esta sobreabundancia de datos está provocando que nuestros cerebros abandonen la reflexión crítica y la capacidad de análisis?
¿Por qué no nos dedicamos a aprender e investigar sobre todas aquellas cosas que no nos mencionaron en la escuela? ¿Es que allí está en verdad todo el saber? ¿Por qué cambian entonces todas las políticas educativas a ritmos vertiginosos?
¿En realidad sabemos que queremos en cada millonésima de segundo?
¿Vivimos con la preocupación de saber este camino es el correcto?
¡Responde!
-Desbordamiento de memoria. El nivel de coincidencia fue del 20% y el tiempo de espera para la generación de respuestas sobrepasó el límite establecido.
Este terminal se reiniciará en los próximos segundos.
Gracias por confiar en SoftEmotion Robots S.L.A.

Esperando en el porche

No hace falta estar toda la tarde allí, con un par de horas es suficiente.
A la vuelta de un rato no puedes recordar la gente que ha entrado ni ha salido por la puerta, ni siquiera esas personas que estaban sentadas a tu lado.
La mayor complicación está en mantener varias conversaciones al mismo tiempo mientras esperas.
Exactamente no estás esperando nada, quizás retrasas lo inevitable, volver a estudiar y que te vuelva a doler la cabeza como la mayoría de días.

Curiosamente, este es uno de esos pocos lugares que describes con precisión pero sin embargo cada uno de nosotros lo simboliza con un porche determinado.
Además otra característica bastante especial de estos lugares es que, a pesar de que no lo percibimos así, no perdemos el tiempo (¿el tiempo se pierde o se malgasta?).
Es una actividad que permite ver como fluye la vida alrededor del edificio mientras tu estuvieras en tu sitio a otra velocidad, como si no te importara lo que hay ahí fuera.

Creando el autocorrector perfecto

Acabo de volver a escribir una frase en Whatsapp y el corrector ha vuelto a hacer de las suyas.
Quería decir: “¿Qué tal terminó todo?”. En vez de eso escribió “término” (tal y como me acaba de corregir mi móvil ahora mismo).
Tras actualizar varias veces el sistema operativo, el corrector fallaba casi cada una de las veces que iba a escribir algo que se saliera de su “diccionario interno”.
No obstante esto con el tiempo fue mejorando y el corrector digamos que fue “absorbiendo” mis expresiones y palabras más comunes hasta el punto de que al escribir unas pocas letras, el corrector ya “intuía” que palabra iba a querer utilizar, aunque sigue sin ser una herramienta infalible.

Al igual que la mayoría de cosas que ocurren en el campo de la inteligencia artificial, siempre existe una cierta controversia en determinados puntos (siempre viene a la cabeza 1984 y Blade Runner, no hay duda) como los que vamos a comentar en el campo de los correctores ortográficos.

Como si se tratara de ese excepcional primer capítulo de la segunda temporada de Black Mirror (no haré spoiler, simplemente hago una comparación entre el chico y un corrector) un uso excesivo de correctores para los distintos dispositivos electrónicos puede generar una excesiva dependencia de nosotros hacia lo que sería estos “neoacadémicos de la RAE”, lo cual permitiría que con cada vez menos letras podamos llegar a comunicarnos de manera más y más precisa. No obstante para lograr esto se necesita que nuestro querido móvil u ordenador vaya recopilando datos y datos sobre nosotros, a la vez que este vaya aprendiendo cuando utilizamos unas u otras palabras en determinados contextos, determinadas horas o días del año, o quizás en un extremo según la persona a la que estemos hablando.
Dos cosas a tener en cuenta: la primera es que la posibilidad de que los ordenadores puedan recopilar y aprender de los datos tenemos que mirar de cerca dos ramas de la informática tan interesantes como la minería de datos y el machine learning o aprendizaje automático.
Dos ramas que estoy seguro darán que hablar bastante de aquí a unos años.
La segunda como no puede ser de otra manera es la privacidad.
Se me viene a la cabeza un ataque al servidor donde se alojan todos los datos del corrector ortográfico de una persona (sí, hay un momento que cuando estos programas adquieren, digamos, suficiente conocimiento pueden hacernos creer que hay un humano al otro lado del dispositivo, lo que viene a ser superar el test de Turing).
Por medio de este ataque se podría digamos simular que somos la persona a la cual hemos robado “su corrector”, lo cual podría provocar suplantaciones de identidad, de modo que como hemos comentado pueden pasar el test de Turing y hacernos creer que se trata de un ser humano de carne y hueso.
La película Her o Black Mirror 2×01 (Ahora mismo vuelvo), esta última ya mencionada al principio del artículo, plantean al espectador este problema que surge de la inteligencia artificial.

A lo que vamos. ¿Cómo sería un corrector ortográfico diseñado por servidor?
Para mi un corrector además de ser casi casi infalible (como estoy seguro que le gustaría a cualquier mortal) me gustaría que fuera algo que se anticipara, algo que te permita escribir de forma rápida solo escribiendo unas 3 o 4 letras o incluso utilizando alguna serie de siglas o palabras clave que el programa interprete de forma correcta.
Quizás se pudiera de alguna manera volcar todo la responsabilidad del proceso de escritura en las máquinas mientras nosotros nos dedicamos a pensar que es lo que queremos escribir y no estar perdiendo tiempo en buscar determinadas expresiones o palabras para decir lo que estamos pensando.
No me importaría para nada que el corrector fuera recogiendo palabras que hayan salido ya en una conversación de whatsapp por ejemplo para así avanzar y llegar a un nivel de velocidad de escritura que se asemeje a la velocidad cuando hablamos.
Creo de hecho que esto último sería el primer objetivo que debe lograr “mi” corrector ideal, lo cual creo que aumentaría exponencialmente la creación de obras literarias (de todo tipo de calidades, no hay duda).
Sería interesante también ir reuniendo de forma anónima las jergas y expresiones de todos los usuarios utilizan en su día a día para ver de una manera limpia y fácil la evolución de una lengua y/o dialectos a lo largo de la historia.
También junto a los traductores automáticos se podría usar de tal manera que pueda traducir nuestras expresiones y palabras a otro idioma permitiendo centralizar todos los idiomas del planeta por medio de este corrector prodigioso.
En este punto se me puede criticar que esto significaría el fin del empleo para todas las personas que se han dedicado a la traducción de lenguas, pero yo siempre sostengo que estos programas se realizan gracias a estas personas.
Los informáticos ponemos los algoritmos y todas las ideas que deben llevar este tipo de programas, pero la experiencia de estos profesionales es la que dota de un “espíritu” que podríamos decir hasta viviente a estos correctores automáticos.

Sabes que es real, pero no puedes ponerle un nombre a la inmensidad

[…] que el hombre puede sufrir o morir pero no perderse en esta ciudad, cada uno de cuyos rincones es un recogeperdidos perfeccionado, donde el hombre no puede perderse aunque lo quiera porque mil, diez mil, cien mil pares de ojos lo clasifican y disponen, lo reconocen y abrazan, lo identifican y salvan, le permiten encontrarse cuando más perdido se creía en su lugar natural: en la cárcel, en el orfelinato, en la comisaría, en el manicomio, en el quirófano de urgencia, que el hombre -AQUÍ- ya no es de pueblo, que ya no pareces de pueblo, hombre, que cualquiera diría que eres de pueblo y que más valía que nunca hubieras venido del pueblo porque eres como de pueblo, hombre»

Tiempo de silencio
Luis Martín Santos

 

  1.  Situémonos. Temprano, digamos las 7:30 o quizás 8:00 de la mañana. El distrito empieza a coger ritmo: miles de personas se mueven entre los distintos edificios. Si observamos la escena desde arriba (desde un rascacielos por poner un ejemplo) se podría decir que son moléculas que se mueven de forma aleatoria, solo rebotadas al salir de una tienda fast-food, una librería o un edificio comercial cualquiera.
    Es mentira, nada es aleatorio, ya sea de manera inconsciente o no, todos estos conjuntos de células saben perfectamente adonde dirigirse (quizás alguno cambiará de opinión al ver que su magnífico Iphone estaba adornando una oficina de los distintos rascacielos de la zona en vez de estar en su preciado bolsillo, en cuyo caso daría media vuelta inmediatamente cambiando su trayectoria).Acabo de llegar a la estación. Todos trabajamos aquí, siempre vamos y venimos, aguantando lluvia, sol, viento y niebla. Subo las escaleras mecánicas y salgo a la superficie. En este punto el lector puede elegir el tiempo que hace ahí fuera (ruego que elija entre una combinación más o menos realista de los cuatro elementos que he citado antes, vale que esto es ficción, pero tampoco quiero convertirme en el protagonista de la película “Cazatornados” al salir ahí fuera).
    Yo ya no siento ni padezco.
    Mi reproductor de música impide que dé una descripción exacta de lo que estoy viendo: hoy el modo aleatorio se está portando bastante bien <<“El modo aleatorio no se porta bien o mal, simplemente da una canción al azar según lo que haya escrito el informático de turno dentro del dispositivo, supongo que sacando un número al azar”>>.
    Mientras espero al paso de cebra en el paso de peatones soportando las inclemencias meteorológicas aportadas por el lector en su cabeza, me dirijo con la mirada perdida hacia el mismo lugar que todos los días.Ya he cogido el ascensor hacia lo alto del One Canada Square. Esta vez el viaje ha durado más o menos lo estimado según dice mi móvil. Me siento en la silla y giro para ver a través de la enorme cristalera. Estoy así durante unos cuantos segundos, como embobado por la escena que contemplo desde las alturas.
    Creo que cada uno de los habitantes de este planeta podría describir de una forma totalmente distinta a los demás que está pasando por mi mente en este preciso instante.
    No importa, aquí me siento como un rey con su trono a cientos de metros sobre la tierra, así que me doy la vuelta y comienzo a trabajar con papeles con continuas referencias al dinero.
  2. Me pregunto cuál es el significado del Spire. Siempre está la opinión de los arquitectos, de los políticos y de los ciudadanos. Si preguntas a un representante de cada uno de estos grupos seguro que te da una explicación que no se parece en nada a todo lo que has oído sobre este monumento (?).
    De momento me conformo con que no tiene explicación, es uno de otros tantos misterios, y quién sabe si un lugar para perder la cabeza.
  3. Siempre que entraba en el barrio de Gaztambide, éste se comportaba como una especie de laberinto que cobraba vida propia, como si me quisiera retener en su interior durante un buen rato. Ya fuera por las dosis de alcohol que llevaba en sangre un día, o por las largas caminatas a Malasaña otro, se ha convertido en toda una experiencia ir por esos lares.
    Sigues por una pequeña calle, doblas a mano derecha y vuelve a aparecer una manzana casi idéntica a la que crees haber observado un par de minutos atrás. No obstante cada una de estas manzanas podemos considerarlas como pequeñas ciudades dentro de la inmensidad.
    Gente gritando a pleno pulmón canciones cerca del amanecer o coches de polícia estrellados contra una barandilla son ejemplos de estas ciudades (¿literarias?), siempre llenas de historias que vale la pena contar con cervezas o en un blog.

Observaciones variadas:

  • El título proviene de la canción “Nadie va a pararnos mientras no dejemos de cumplir años” del grupo barcelonés Delafé y las Flores Azules.
  • Luis Martín Santos y cualquier otro seguidor del culteranismo hubiera hecho una referencia al Minotauro en (3). He creído que esto no era necesario.