Sabes que es real, pero no puedes ponerle un nombre a la inmensidad

[…] que el hombre puede sufrir o morir pero no perderse en esta ciudad, cada uno de cuyos rincones es un recogeperdidos perfeccionado, donde el hombre no puede perderse aunque lo quiera porque mil, diez mil, cien mil pares de ojos lo clasifican y disponen, lo reconocen y abrazan, lo identifican y salvan, le permiten encontrarse cuando más perdido se creía en su lugar natural: en la cárcel, en el orfelinato, en la comisaría, en el manicomio, en el quirófano de urgencia, que el hombre -AQUÍ- ya no es de pueblo, que ya no pareces de pueblo, hombre, que cualquiera diría que eres de pueblo y que más valía que nunca hubieras venido del pueblo porque eres como de pueblo, hombre»

Tiempo de silencio
Luis Martín Santos

 

  1.  Situémonos. Temprano, digamos las 7:30 o quizás 8:00 de la mañana. El distrito empieza a coger ritmo: miles de personas se mueven entre los distintos edificios. Si observamos la escena desde arriba (desde un rascacielos por poner un ejemplo) se podría decir que son moléculas que se mueven de forma aleatoria, solo rebotadas al salir de una tienda fast-food, una librería o un edificio comercial cualquiera.
    Es mentira, nada es aleatorio, ya sea de manera inconsciente o no, todos estos conjuntos de células saben perfectamente adonde dirigirse (quizás alguno cambiará de opinión al ver que su magnífico Iphone estaba adornando una oficina de los distintos rascacielos de la zona en vez de estar en su preciado bolsillo, en cuyo caso daría media vuelta inmediatamente cambiando su trayectoria).Acabo de llegar a la estación. Todos trabajamos aquí, siempre vamos y venimos, aguantando lluvia, sol, viento y niebla. Subo las escaleras mecánicas y salgo a la superficie. En este punto el lector puede elegir el tiempo que hace ahí fuera (ruego que elija entre una combinación más o menos realista de los cuatro elementos que he citado antes, vale que esto es ficción, pero tampoco quiero convertirme en el protagonista de la película “Cazatornados” al salir ahí fuera).
    Yo ya no siento ni padezco.
    Mi reproductor de música impide que dé una descripción exacta de lo que estoy viendo: hoy el modo aleatorio se está portando bastante bien <<“El modo aleatorio no se porta bien o mal, simplemente da una canción al azar según lo que haya escrito el informático de turno dentro del dispositivo, supongo que sacando un número al azar”>>.
    Mientras espero al paso de cebra en el paso de peatones soportando las inclemencias meteorológicas aportadas por el lector en su cabeza, me dirijo con la mirada perdida hacia el mismo lugar que todos los días.Ya he cogido el ascensor hacia lo alto del One Canada Square. Esta vez el viaje ha durado más o menos lo estimado según dice mi móvil. Me siento en la silla y giro para ver a través de la enorme cristalera. Estoy así durante unos cuantos segundos, como embobado por la escena que contemplo desde las alturas.
    Creo que cada uno de los habitantes de este planeta podría describir de una forma totalmente distinta a los demás que está pasando por mi mente en este preciso instante.
    No importa, aquí me siento como un rey con su trono a cientos de metros sobre la tierra, así que me doy la vuelta y comienzo a trabajar con papeles con continuas referencias al dinero.
  2. Me pregunto cuál es el significado del Spire. Siempre está la opinión de los arquitectos, de los políticos y de los ciudadanos. Si preguntas a un representante de cada uno de estos grupos seguro que te da una explicación que no se parece en nada a todo lo que has oído sobre este monumento (?).
    De momento me conformo con que no tiene explicación, es uno de otros tantos misterios, y quién sabe si un lugar para perder la cabeza.
  3. Siempre que entraba en el barrio de Gaztambide, éste se comportaba como una especie de laberinto que cobraba vida propia, como si me quisiera retener en su interior durante un buen rato. Ya fuera por las dosis de alcohol que llevaba en sangre un día, o por las largas caminatas a Malasaña otro, se ha convertido en toda una experiencia ir por esos lares.
    Sigues por una pequeña calle, doblas a mano derecha y vuelve a aparecer una manzana casi idéntica a la que crees haber observado un par de minutos atrás. No obstante cada una de estas manzanas podemos considerarlas como pequeñas ciudades dentro de la inmensidad.
    Gente gritando a pleno pulmón canciones cerca del amanecer o coches de polícia estrellados contra una barandilla son ejemplos de estas ciudades (¿literarias?), siempre llenas de historias que vale la pena contar con cervezas o en un blog.

Observaciones variadas:

  • El título proviene de la canción “Nadie va a pararnos mientras no dejemos de cumplir años” del grupo barcelonés Delafé y las Flores Azules.
  • Luis Martín Santos y cualquier otro seguidor del culteranismo hubiera hecho una referencia al Minotauro en (3). He creído que esto no era necesario.
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