Creando el autocorrector perfecto

Acabo de volver a escribir una frase en Whatsapp y el corrector ha vuelto a hacer de las suyas.
Quería decir: “¿Qué tal terminó todo?”. En vez de eso escribió “término” (tal y como me acaba de corregir mi móvil ahora mismo).
Tras actualizar varias veces el sistema operativo, el corrector fallaba casi cada una de las veces que iba a escribir algo que se saliera de su “diccionario interno”.
No obstante esto con el tiempo fue mejorando y el corrector digamos que fue “absorbiendo” mis expresiones y palabras más comunes hasta el punto de que al escribir unas pocas letras, el corrector ya “intuía” que palabra iba a querer utilizar, aunque sigue sin ser una herramienta infalible.

Al igual que la mayoría de cosas que ocurren en el campo de la inteligencia artificial, siempre existe una cierta controversia en determinados puntos (siempre viene a la cabeza 1984 y Blade Runner, no hay duda) como los que vamos a comentar en el campo de los correctores ortográficos.

Como si se tratara de ese excepcional primer capítulo de la segunda temporada de Black Mirror (no haré spoiler, simplemente hago una comparación entre el chico y un corrector) un uso excesivo de correctores para los distintos dispositivos electrónicos puede generar una excesiva dependencia de nosotros hacia lo que sería estos “neoacadémicos de la RAE”, lo cual permitiría que con cada vez menos letras podamos llegar a comunicarnos de manera más y más precisa. No obstante para lograr esto se necesita que nuestro querido móvil u ordenador vaya recopilando datos y datos sobre nosotros, a la vez que este vaya aprendiendo cuando utilizamos unas u otras palabras en determinados contextos, determinadas horas o días del año, o quizás en un extremo según la persona a la que estemos hablando.
Dos cosas a tener en cuenta: la primera es que la posibilidad de que los ordenadores puedan recopilar y aprender de los datos tenemos que mirar de cerca dos ramas de la informática tan interesantes como la minería de datos y el machine learning o aprendizaje automático.
Dos ramas que estoy seguro darán que hablar bastante de aquí a unos años.
La segunda como no puede ser de otra manera es la privacidad.
Se me viene a la cabeza un ataque al servidor donde se alojan todos los datos del corrector ortográfico de una persona (sí, hay un momento que cuando estos programas adquieren, digamos, suficiente conocimiento pueden hacernos creer que hay un humano al otro lado del dispositivo, lo que viene a ser superar el test de Turing).
Por medio de este ataque se podría digamos simular que somos la persona a la cual hemos robado “su corrector”, lo cual podría provocar suplantaciones de identidad, de modo que como hemos comentado pueden pasar el test de Turing y hacernos creer que se trata de un ser humano de carne y hueso.
La película Her o Black Mirror 2×01 (Ahora mismo vuelvo), esta última ya mencionada al principio del artículo, plantean al espectador este problema que surge de la inteligencia artificial.

A lo que vamos. ¿Cómo sería un corrector ortográfico diseñado por servidor?
Para mi un corrector además de ser casi casi infalible (como estoy seguro que le gustaría a cualquier mortal) me gustaría que fuera algo que se anticipara, algo que te permita escribir de forma rápida solo escribiendo unas 3 o 4 letras o incluso utilizando alguna serie de siglas o palabras clave que el programa interprete de forma correcta.
Quizás se pudiera de alguna manera volcar todo la responsabilidad del proceso de escritura en las máquinas mientras nosotros nos dedicamos a pensar que es lo que queremos escribir y no estar perdiendo tiempo en buscar determinadas expresiones o palabras para decir lo que estamos pensando.
No me importaría para nada que el corrector fuera recogiendo palabras que hayan salido ya en una conversación de whatsapp por ejemplo para así avanzar y llegar a un nivel de velocidad de escritura que se asemeje a la velocidad cuando hablamos.
Creo de hecho que esto último sería el primer objetivo que debe lograr “mi” corrector ideal, lo cual creo que aumentaría exponencialmente la creación de obras literarias (de todo tipo de calidades, no hay duda).
Sería interesante también ir reuniendo de forma anónima las jergas y expresiones de todos los usuarios utilizan en su día a día para ver de una manera limpia y fácil la evolución de una lengua y/o dialectos a lo largo de la historia.
También junto a los traductores automáticos se podría usar de tal manera que pueda traducir nuestras expresiones y palabras a otro idioma permitiendo centralizar todos los idiomas del planeta por medio de este corrector prodigioso.
En este punto se me puede criticar que esto significaría el fin del empleo para todas las personas que se han dedicado a la traducción de lenguas, pero yo siempre sostengo que estos programas se realizan gracias a estas personas.
Los informáticos ponemos los algoritmos y todas las ideas que deben llevar este tipo de programas, pero la experiencia de estos profesionales es la que dota de un “espíritu” que podríamos decir hasta viviente a estos correctores automáticos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s