Nostalgia del frío

Siempre es reconfortante esa sensación cuando uno de esos pensamientos que alojas en algún lugar de tu memoria de repente sube a un plano consciente.
Llevaba oyendo caer la lluvia un buen rato cuando sucedió.
Estoy seguro de que fue el efecto hipnótico de la lluvia al caer (sí, esa sucesión de sonidos casi constantes, como si esa cortina de agua no quisiese dejar de golpear todo lo que pille) el culpable de que sientera como si me faltara algo.
Algo que llevaba bastante tiempo sin sentir, como si de un deja vu se tratara.
Era algo gélido, algo misterioso, ese algo que se inyecta en los huesos y casi no deja respirar.
Frío bajo cero. Grados centígrados negativos. Ausencia de frío y de calor como dicen en mi pueblo.
Inmediatamente recordé esos infinitos tres minutos desde la escuela de idiomas. La oscuridad impregnaba el ambiente, todo parecía una equilibrada mezcla de negros procedentes de las sombras y amarillos emitidos por las farolas..
Creo que el frío es el único dentro de la naturaleza que puede provocar nostalgia.
¿Alguien echa de menos esos 40ºC en el punto de central de la Plaza del Callao en Madrid? ¿Echamos de menos el calor pegajoso de (elíjase una opción donde veranee con frecuencia): Andalucía/El Mediterráneo/Canary Islands/Santander/(Inserte aquí su pueblo: mínimo seis caracteres y máximo de treinta. Recuerde que las verbenas no cuentan como veranear)
¿Te gustó la lluvia de tus últimas vacaciones en las Islas Británicas?
¿Y ese granizo que hacía saltar por los aires los cristales?
Siempre echamos de menos al frío, pero no así a su hermano opuesto:

-“Joder que calor de mierda. A ver cuando llega el frío de una vez”.
-“Dios, este frío no se va ni a patadas. ¿Se va a quedar aquí para todo el invierno?”

Ahora bien, como todos sabemos, el frío de Burgos tiene personalidad, vaya que si la tiene. “Burgos no te dejará frío”. Nos ha jodido, te deja como Walt Disney, que es bien distinto.
Siempre que vuelvo allí inspiro unos segundos y sé que ese frío único ha llegado a mis pulmones. Nunca falla.

Si miramos con un poco de detenimiento, el frío siempre deja su marca. Da igual que entres a una habitación que esté como el mismísimo infierno. Sigues tiritando y el cuerpo pide a voces echar a ese invitado que se ha metido en tu piel durante los veinte mintos que has tardado en volver de fiesta a tu casa.
Por otro lado quien no agradece a la millonésima de segundo entrar a ese cuarto dotado del mágico aire acondicionado tras haber recibido rayos de sol tumbados en la arena.

Entonces dejó de llover, cerré la ventana y pensé que sí, que cualquier tiempo fue mejor, que Jorge tenía razón, pero le faltó un detalle: en aquel tiempo, si hacía frío no es que fuera mejor, es que te acompañaría toda tu vida.

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