Campus de excelencia

Aquí las paredes de los edificios se caen (al menos los fines de de semanas, para no molestar a nadie), al igual que se cae La Red, la cual siempre es arreglada los domingos por “personal altamente especializado”. No obstante, todo se vuelve a caer en unos pocos días.

Dentro de estos edificios habitan seres maravillosos, aunque a veces no pueden decir lo que saben porque la palabra reprografía fue borrada de sus diccionarios.
Estas personas aguantan todo tipo de males e incluso algunos no han sentido pasar a sus huesos el agua caliente que recorre los radiadores o ese corriente gélida que viene de un aparato blanco del techo.

Claro, ahora bien, tendremos que identificar a toda esta gente, pero todos sabemos lo complicado que es aquí generar trozos rojos de plástico que recoges al cabo de unos años.
Lo primero que se hace cuando recibes un ejemplar de dicho tesoro es ir a coger libros. Mientras en algunos de estos lugares donde acumulan este tipo de objetos se dedican a ir comprando videojuegos y temporadas completas de series americanas, otros lanzan barcos hinchables para salvar ejemplares de libros enterrados bajo el agua.

Después de secar todo correctamente y descubrir que hay depósitos abandonados de personas en lugares remotos es hora de salir a la superficie.
Saludamos y dejamos paso a los hombres de azul, que llevan unos meses conviviendo en armonía con nosotros.

Veo que las obras de la gran pirámide mausoleo el edificio de enfrente van a paso lento, pero muy lento, de hecho creo que van colocando una baldosa diaria (o quizás ninguna), aunque esto último no lo puedo corroborar.

Giro la cabeza a la izquierda y veo que ahora sí, que he llegado al antiguo Egipto, y que una momia nos saluda a todos desde la azotea de ese agujereado edificio.

No es una comedia, es un campus de excelencia.