El reverso de las cosas


En una de mis escrituras bajo la influencia del café escribí que: “por detrás las cosas no son claras, son oscuras, enigmáticas”.
No sé si en realidad fue café lo que tomé aquella tarde u otro tipo de sustancia estimulante, lo claro es que Madrid es una ciudad de dos caras.
Aquí está lo mejor y lo peor del país. Cada uno se hace su idea del mal o del bien pero no existe persona en el mundo, sea de donde sea que alabe y a la vez critique a esta ciudad (y a sus ciudadanos también a veces).

Pienso que aquí tengo otra perspectiva de los elementos de las calles, de las comidas, de las gentes, de las distancias y hasta del restaurantes chino situado en la madre de todas las cuestas.
Madrid es un ejercicio de reflexión, de ver la vida desde dos ópticas (Váyase al Bernabeú o al Calderón y verá, ¿usted es de la calma de Canal o del bullicio de Cibeles?)

Detrás de un gran gigante muerto (al cual los asiáticos pronto resucitarán en forma de centro comercial deluxe) en la plaza que porta el nombre de nuestro país, ahí justo pegado hay un mircrocosmos que no conocía pero que atrapa. Restaurantes y cafetería de todo tipo ajenas al ambiente lánguido del otro lado de la plaza, la cual empieza a encontrar su optimismo en la boca de Gran Vía.
¿Quién sabe si lo que busco esta a unos pocos pasos de mí?

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