Days

Días en los que te levantas y las pantallas muestran que los contenedores decidieron prenderse fuego y asaltar las autovías, donde la supuesta tranquilidad se turba por una maldita mariposa en la otra punta del planeta.
Días que decidían que lo que estaba allá fuera era más interesante que el mundo que describía la pizarra.
Aún más días en los que el escenario te agarraba por los tobillos y no te soltaba, quería que siguieras en su mundo, que pisaras sobre él una y otra vez (“Mierda, esta no era mi posición”).
Montañas de días donde contratas al tiempo como asistente personal de tu agenda, mientras le gritas a la cara que aquí no salen las cuentas, que me devuelvas las horas, que no paro nunca, que no continuo nunca, que quiero ponerme ya a hacer algo.
Día si y día también, los cuales oyen mis quejas sobre que dejé de hacer (lo cual siempre se esfuma el día siguiente cuando contrato al tiempo otra vez) siempre impidiendo ver que pasó en aquellas 24 horas.