Primeras cosas “på København”

País de plasmas. Eso es lo que pensé cuando baje del avión. Miles de pantallas planas con vuelos de todo el mundo que te rodean me hicieron pensar que esto no es el aeropuerto de Madrid ni de lejos (Si, ese que tiene un nombre más largo que cualquier palabra alemana) y que si nos parecemos en algo a los daneses es pura coincidencia.


Recorriendo el aeropuerto de punta a punta las tiendas se camuflan entre los viajeros y un glorioso olor que no llego a discernir viaja por el ambiente. Carriles (en todos los sitios hay carriles y nunca he visto a nadie equivocarse al tomar uno de ellos) de salida rápida del aeropuerto, gente, pantallas con la información justa y necesaria, gente, pocas cintas para recoger el equipaje, gente, gente y más gente en la salida.


Unos cuantos días después descubrí que el olor viene de los puestos de perritos calientes que inundan los sitios turísticos. Las plazas del centro son sitios de construcción para las nuevas líneas de metro que abrirán dentro de unos cuantos años. Lo mejor huir de la lluvia y esconderse en Strøget, un pasadizo comercial interminable.


Vivo principalmente entre Australia, California y Londres. Inmersión lingüistica over 9000. Al acento australiano se le va perdiendo el miedo aunque algunas conversaciones al principio sean del tipo “Yes, yes, yes” (espero que haya preguntado algo).


Ser un peatón aquí equivale a ser un ciclista en Madrid: no tienes lugares por donde ir y a veces vas con miedo, las bicis y los coches te rodean haciéndote sentir como una isla desierta.


Creo que voy a hacer un Máster en división por 7. No, la tasa de cambio a Coronas no podía ser más fácil, y obviamente aquí todo hay que aproximarlo.
Bonus: me comentó un chico el otro día que fue a preguntar porque no podía sacar dinero en el banco de la esquina y le dijeron que es que no tenían efectivo. Muerte al billetazo, viva la tarjeta de crédito.


No quiero comentar mucho de la uni. Joder, si es que vengo del subsuelo matemático facultad de matemáticas de la UCM. Solo diré nos han invitado a comer durante toda la semana de bienvenida.


Lujazo con los anuncios de Spotify. Son como pequeños e inocuos cortes en chino.


Por fin está aquí mi bici. Suena que va a cascar en algún momento, como aquella que tengo en la cochera del pueblo, pero aquí eso da absolutamente igual. Siempre tienes preferencia (coches y hasta peatones te tienen que esperar a que pases para entrar al bus) y las calles son tan planas que cualquier sitio está a tiro de piedra. Qué recuerdos de Santiago Rusiñol…..Ains, las cuestas.


Y mientras tanto, las grúas se mueven en medio de mi campus. Construir e invertir en educación y transporte. Cracks. Nota patrocinada por el IVA danés.


En cuanto al bilingüismo simplemente lo inunda todo. Desde cualquier dependiente de una tienda o supermercado hasta cualquier funcionario. Al principio me suelen decir algo que no entiendo, pero el “Sorry?” lo cambia todo.


Justo en el medio de la nada se puso a jarrear con fuerza. Lo mejor en estos casos es seguir pedaleando, total, ya estás calado.


Curiosamente, no hay flyers ni cosas así de publicidad, pues aquí llueve sin avisar. Además, no verás coches aparcados en una calle nunca.

Me dí cuenta de todo esto al salir de la uni, cuando todos los asientos de las bicis estaban cubiertos por una funda publicitaria.


 

 

Nota: pues no, no tengo ni idea de como se escribe en el teclado å ni ø. Siempre acudo a google a buscar østerbro y hago un copy and paste rapido
Actualización: alt + 0216. Casi nada, ahí queda eso…

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