Voto robado (Capítulo III y final?: Mariano, me debes 13 napos)

El pasado viernes me acerqué al Correos danés a recoger un magnífico ejemplar de animal mitológico: el voto rogado. Un sobre de cálido color amarillo sirve de fondo para un montón de stickers de los Correos daneses y españoles. Por mucho que en todos ellos pongan “certificado” y “exprés”, sigo sin entender como es posible que haya gente a la que no consiguen llegarles las papeletas a tiempo. Se trata del Gobierno de España, carallo, seguro que puede mandar papeletas a las profundidades de la selva amazónica en 2 días si hiciera falta. Además, ¿por qué no proporcionar localizadores más precisos y no esos tan difusos que te da Correos? Eso sí, para encontrar el localizador de tu voto por correo hay que entrar previamente en el portal del INE. ¿No hay alguna manera de automatizar esto y recibirlo en el móvil o en el correo? ¿Por qué no crear un sistema de alertas estimando el tiempo de llegada del voto?

Acabo de votar y de enviar el sobre de vuelta a España. Todo ello por 13 euros.
Aunque no creo (espero) que haya más entradas la aventura todavía no ha acabado. Al final de la hoja que acreditaba que estaba en el censo electoral (la cual hay que meter también con los votos), había que recortar un pequeño trozo de papel donde con solo tu firma pedías el reintegro del importe para enviar el voto de vuelta. Este papelito va también con el resto de documentación en el sobre destinado a la mesa y en teoría de alguna manera podré recuperar el importe. ¿Seguro? Todo apunta a que no. Y por lo que dice la noticia, el proceso empieza dentro de 6 meses.

A modo de reflexión y para acabar la serie de entradas: el proceso del voto rogado robado no es una carrera de obstáculos, es un puto Ironman.
Además de todas las dificultades de todos aquellos que viven lejos de las embajadas, estas últimas pueden llegar a poner trabas (como me pasó a mi con el cuento de que al tener la tarjeta sanitaria danesa era residente permanente), dejando al ciudadano totalmente indefenso. Para ello, colectivos como Marea Granate no son algo necesario, sencillamente son algo fundamental, pues sin ellos, entre otras cosas la situación de “bloqueo” a los Erasmus de aquí para registrarnos como ERTA no se habría resuelto. Silencio administrativo y caput.
Por ello hay que pedir embajadas y consulados webs accesibles, que informen de todo los requisitos y procedimientos a realizar, que tengan todos los documentos actualizados para que al llegar allí simplemente tengamos que entregar todo, evitar colas y que nos aseguren al 100% que el voto llegue a tiempo.
Segundo punto: toda esta acumulación de burocracia (descripción gráfica) está malvada y perversamente planteada por los grupos políticos que todos conocemos (y que alguno de ellos incluso presume de tener un plan para hacer regresar a jóvenes emigrados). Si alguna vez todo ese colectivo de jóvenes emigrados puede regresar, no dudo que sus votos, esta vez en urna, irán a otros grupos parlamentarios.
Algunos crearon en 2011 un monstruo que puede estallarles en la cara en un futuro no muy lejano si las cosas empiezan a mejorar.
Hacen falta soluciones para cerrar esta sangría: quizás lo electrónico no es la solución rápida y eficaz como en otros casos (link, aunque un buen portal electrónico para que los emigrantes puedan inscribirse en el CERA o rogar el voto podría ser lo único “digitalizable”) , pero el testimonio y las sugerencias de todos aquellos que rogamos el voto deben ser algo fundamental para una nueva ley electoral.

Mientras tanto, Mariano, me debes 13 napos.

 

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